Silencio

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Monasterio del Cristo Orante, Abril 2017

El silencio, entonces, no es vacío, sino todo lo contrario. Ahora bien, esto es la Cartuja, pero nosotros vivimos en el mundo y nos interesa el silencio en el mundo. Para este fin veamos un escrito de Pierre Blanchard en ‘Études Carmelitaines’:

«No todos tienen la vocación de la soledad, no todos pueden irse al desierto. Sin embargo tienen la necesidad de silencio. Este silencio no se les podrá negar. El silencio se ofrece, se da a los que mediante una voluntad de recogimiento, mediante un esfuerzo de desapego de las cosas, descienden a la ‘celda interior’ que han construido en lo íntimo de ellos mismos. Están en el mundo pero no son del mundo. Al lado de los demás, junto con los demás, están más realmente con Dios. Ellos realizan este ‘apego desapegado’ que es la forma suprema del amor. No es que no presten atención a las palabras que se les dirige, sino que más bien arrastran a los demás a las órbitas de su silencio. Ellos liberan por medio de la libertad misma que han conquistado. ‘Yo dependía de mí, yo era dueño de mis presencias. Yo conocía mi libertad’ (Y. Lusseyran).

«Ellos hablan de esa patria que han conquistado con una elocuencia persuasiva. Estos silenciosos, estos cartujos de deseo han encontrado su patria en medio de ciudades: ‘El silencio de esta pieza donde estoy escribiendo es una de las más grandes riquezas de mi vida’ (Julien Green). ‘La vida no es jamás tan hermosa como cuando nos alejamos de lo que se llama vida’ (J. Green). Los verdaderos desiertos son aquellos que hemos creado y estamos ahora defendiendo».

Aquí se esboza la posibilidad de silencio interior. Esa celda interior no es necesario que sea espacial, una celda real; uno puede vivir dentro de ella en el colectivo 60 en la hora pico.

E. Komar, El silencio en el mundo, Bs. As., Sabiduría Cristiana, 2005, p. 12-13

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