Testimonio de la viuda de uno de los 21 mártires coptos de Egipto

“Doy gracias a Dios. No estoy triste en absoluto, porque mi marido murió como un mártir, no fue un accidente. Doy gracias a Nuestro Señor por proteger a mi hija. Doy gracias a Dios porque, desde que nos casamos, Sameh tenía la costumbre de hablarme de Dios, de los milagros. Amo a Dios gracias a él. No volver a verle será difícil, y seguirá siendo duro hasta el final de mi vida, pero no estoy triste. Estamos orgullosos de nuestra religión. Como cristianos, lo que nos ha pasado nos ha hecho sentirnos orgullosos de nuestra religión.

Nuestro Señor Jesucristo fue crucificado, flagelado y torturado por nosotros. ¡Así que nosotros podemos resistir eso! ¡Bien podemos verter unas gotas de nuestra sangre por Él! Podemos hacerlo y podemos resistir. Es nuestra responsabilidad como cristianos conservar nuestra fe. Y esperamos morir como ellos, pues no es la muerte, es el martirio. Fueron torturados. Dios reforzó su fe porque ellos lo necesitaban en ese preciso momento. Resistieron como leones. Dios quería que estuvieran con Él en el cielo.

No estoy triste y no lo estaré jamás. Soy la esposa de un mártir. No merezco estar triste. Dios no abandona jamás a nadie.

Nosotros, como cristianos, somos muy fuertes, no hemos sido aniquilados. Que estemos en nuestras casas no quiere decir que estemos tristes. Estamos orgullosos de ellos. Soy la esposa de un mártir, y no lo merezco.

– ¿Qué le diría usted a la gente que hizo eso?
– Dios les juzgará.”

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